Tren de Riobamba a la Nariz del Diablo


Voy a contar mi travesía sobre el tren desde Riobamba hacia la "Nariz del diablo", un recorrido que no se pueden perder, ¡Tienen que vivirlo! A pesar de que en la actualidad ya no se permite viajar en el techo del tren como yo lo hice, sino sólo dentro de los vagones, igual vale la pena. En especial ahora que se ha reconstruido las vías, las estaciones y hay nuevos vagones, lo recomiendo totalmente.


Inicié desde Guayaquil tomando un bus de transporte interprovincial en la terminal terrestre hacia Riobamba, una ciudad de la sierra ecuatoriana donde se encuentra la estación del ferrocarril. Tomé el turno de media noche para amanecer allá y el viaje fue de 5 horas. Al llegar lo mas recomendable es tomar un taxi, pues es barato porque la distancia desde el terminal de buses hasta la estación del ferrocarril es corta.

El tren partía a las 7 de la mañana y en la estación había muchos turistas de todas partes del mundo, por esto es recomendable llegar con al menos una hora de anticipacion para poder comprar los boletos y ubicarse en una buena posición en el tren, que es a la derecha del sentido de avance (Yo le llamo: "del lado contrario al conductor"), puesto que permite las mejores vistas hacia los pueblos que se atraviesa, los campos, precipicios y finalmente la montaña que hay que descender en zigzag.

El tren avanza lentamente por las calles de Riobamba, pero en esa ocasión regresamos luego de unos minutos a la estación para agregar más vagones y aumentar la capacidad. Hay mucha gente en las calles que se detiene para saludar a los viajeros, igualmente en el campo cada que nos cruzamos a alguien haciendo sus labores, nos alzaba sus manos, y los niños corren detrás del tren. Por ser muy temprano en la mañana el frío era intenso y el viento arreciaba, hay que llevar ropa muy abrigada y guantes, aunque había algunas personas que parecían no sentir el frío.


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Los rieles pasan cerca de precipicios pues el trazado se ha hecho al filo de la montaña, en otros sitios se ha abierto camino con túneles y el tren pasa entre paredes de roca que casi podíamos tocar con las manos. Se pueden observar varios animales (muy abrigados como las ovejas, y ¡fue la primera vez que vi cerdos con el pelo largo!) abajo se ven ríos y mucha vegetación, atravesamos bosques de eucalipto que me encantan por el aroma. A lo lejos se alcanzaba a divisar el volcán Chimborazo, el más alto de los Andes ecuatorianos, pero sólo por momentos pues la neblina lo cubría.

Cuando ya teníamos un sol reluciente sobre nuestras cabezas y dejamos atrás la ropa abrigada, llegamos a Guamote, que es la primera parada en el recorrido en la que se podía descender del tren para estirar las piernas, ir al baño y comer algo. En este pueblo hay muchos puestos de venta de artesanías, un parque con juegos entretenidos, una linda plaza y mucha gente que se acerca a recibir a los viajeros.

La siguiente parada es Alausí. Esta ciudad es más grande, tiene algunos cerros alrededor y la estación queda cerca de una colorida plaza, pudimos bajar nuevamente pero no por mucho tiempo; allí el tren recogía más pasajeros porque es donde se inicia lo más interesante: el trayecto hacia la Nariz del diablo y el descenso hasta la estación de Sibambe, que comento en esta entrada con detalles y un vídeo. Ir en el techo del tren permitía disfrutarlo al máximo, a pesar de la incomodidad por no tener asientos ni un lugar dónde recostar la espalda durante las 4 horas que duró el viaje.

Saludos.

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