Un día en Montevideo


Aunque solo fue un día, hice muchas cosas interesantes. Desde antes de viajar a Buenos Aires tenía planeado cruzar el río de La Plata para ir a Montevideo, así que investigué todo lo relacionado con el transporte en barco de la compañía Buquebus. Contaba con poco tiempo y dinero para hacer la travesía, así que aproveché una promoción que permitía tomar el Buquebus hasta Colonia en Uruguay, y luego un bus de la misma compañía hasta la capital (también se puede hacer el viaje directamente). Lo peor era que el viaje por ser una oferta sería a medianoche y el regreso también, así que durante dos noches tendría que dormir (si es que podía) un tramo de tres horas en barco y otro del mismo tiempo en bus. 

No tengo quejas de este viaje (me encantaría repetirlo) dormí casi todo el trayecto en ambos transportes, tanto que apenas me acuerdo cuando estuvimos en Colonia y nos registraron la entrada al país en el pasaporte. Una vez que llegué a la terminal de buses en Montevideo, y ya estaba completamente despierta (hacía frío, era un día antes del inicio de la primavera) con mis compañeros de viaje, grandes amigos que estudiaron conmigo en la universidad, emprendimos mapa en mano la visita a la ciudad por el Boulevard General Artigas, donde destacan la Plaza de la Bandera, la Cruz del Papa y el Obelisco.

Tomamos un transporte público en que avanzamos hasta el lugar donde se encuentra el monumento al Gaucho, en la avenida 18 de Julio. Esta avenida es muy transitada y allí se puede encontrar de todo: bancos, restaurantes, centros comerciales, plazas y monumentos, es precisamente donde se puede medirle el pulso a la ciudad. En una de las plazas compramos artesanías y conversamos con algunos residentes que recordaron el éxito que mi compatriota Alberto Spencer tuvo en el fútbol del club Peñarol.


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Seguimos el recorrido a pie hasta que llegamos a la Plaza de la Independencia, donde el Palacio Salvo domina imponente una de las esquinas, el monumento a Artigas el centro (prócer nacional, muchos sitios emblemáticos llevan su nombre) y en la parte posterior la “Puerta de la Ciudadela” que indica el inicio de la ciudad vieja hacia una calle peatonal. Muy cerca se encuentra el teatro Solís que en ese entonces estaba celebrando su 150º aniversario. Siguiendo en dirección al puerto marítimo, encontramos hermosas edificaciones, restaurantes que ofertaban el delicioso asado uruguayo y una feria de artesanías en la Plaza Constitución frente a la Catedral. 

Me reuní con una amiga uruguaya que vive en Montevideo y a la que solo conocía por internet, ella me acompañó a visitar otros lugares de la ciudad, como el edificio de mármol del Palacio Legislativo, donde pudimos ingresar y admirar su arquitectura y organización y nos comentaron que en las reuniones de los Diputados el pueblo puede asistir.

Finalmente ya al caer la tarde y acercarse nuestro retorno, mi amiga nos recomendó ir a las ramblas (malecón les llamamos acá) de los sectores de Punta Carretas y Pocitos, para ver las playas del río de La Plata al atardecer. Había personas pescando allí entre unas rocas (bañistas no, por la hora y por el frío) también haciendo ejercicios en los parques. Antes de regresar a la terminal Tres Cruces a tomar el bus que nos llevaría de regreso a Colonia y al Buquebus hacia Buenos Aires, hicimos compras en el shopping Punta Carretas y allí terminamos nuestro recorrido por la ciudad.

Saludos.

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